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15 (bis)
- ¿Qué pasa? ¿Que también eres médico?
- No hace falta ser médico para saber eso.
- Johnny, no le habrás hecho nada, ¿eh?
- ¿De qué coño vas?
- Vale, vale. Solo estoy preocupado por Eva.
- No la llames así.
- ¿Tienes puta idea de cuál es su nombre?
- No me hace falta saberlo.
- Mira tendríamos que darle algo de ropa. No sé porque tiraste el vestido.
- ¿Vestido? Tú te crees que un vestido de mierda va a...
- Oye, oye. Era un regalo, ¿vale? A las mujeres les gustan esas cosas.
- ¿Pero tú no ves que no es una mujer normal?
- No tenías derecho a tirar nada.
- ¿Para qué lo andabas escondiendo?
- Oye mira, es una cría, ¿vale?
- ¿Una cría?
- Sí, no sabemos ni siquiera si es mayor de edad o no. Vale que está muy… desarrollada, pero eso no la convierte en una mujer.
- Bueno, a lo mejor es su primera menstruación.
- Y dale. ¿No estará herida?
- ¿Herida? ¿Cómo va a estar herida ahí? Llevo semanas con ella y nadie se le ha acercado. Ya lo has visto.
- No sabemos qué pasa por las noches.
- ¿Qué?
- En realidad, no sé porqué coño te has ido tú solo a verla.
- Porque no me fío una mierda de ti.
- Te piensas que Eva es de tu propiedad, ¿verdad? Que solamente tú puedes hablar de ella o con ella.
- Ten cuidado con lo que dices, niñato.
- Mira, me largo.
- Me parece genial.
- Me voy con ella.
- Ni se te ocurra.
- No me toques los cojones, gilipollas.
- ¿Qué haces con eso?
- Te la has follado, ¿no?
- ¿Qué dices? Oye, suelta eso, joder.
- Por eso está sangrando, ¿verdad?
- Joder, pero que tiene la regla, coño.
- Te voy a romper la cabeza con la botella hijo de puta. Y luego te voy a rajar.
-…
- ¿Tanto te jodía que le regalara un vestido y unos zapatos, cabrón? ¿Te crees que soy un puto idiota que no sabe compartir?
- ¿Qué?
- Ahora mismo me voy a buscarla y me la llevo en un coche. Y como me sigas te destripo, cabrón.
- Jordi se te está yendo la puta olla, joder. ¿Qué coño hablas de compartir y mierdas? Joder, es una persona enferma o algo. No habla y va desnuda, coño. Alguien tiene que cuidar que no le pase nada, joder. Qué coño le voy a tocar un pelo, ¿estás gilipollas?
- Maldito cabrón la has reventado y encima…
- ¿Que te calles, coño? Lárgate de aquí de una puta vez o te pego un tiro. ¿Te crees que no tengo huevos? Llévatela cabrón si es lo que quieres.
- ¿Lo ves hijo de puta?
- Como la toques un pelo te rompo la cabeza.
- Yo sí que te voy a romper la cabeza ahora.
He conseguido grabar esto. Lo he transcrito. Le roto una botella en la cabeza, pero tengo otra. Voy a buscarla y de esta noche no pasa.
Jordi
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Una mujer completamente desnuda camina en silencio bordeando el mar desde hace días; dice Johnny que él hace semanas que la sigue. Se mantiene en la distancia y procura que no le pase nada y que no le falte de nada. Ahora somos dos. Dice que gracias a esto ya ha dejado de ser escritor, que ahora se ha convertido por fin en un poeta. Tanta mierda de escribir, ha vuelto a decirme. Me ha regalado el portátil porque ya no le va a hacer falta.
Por supuesto, viendo la irascibilidad de Johnny en nuestro primer día juntos me he abstenido de preguntarle qué diferencia existe entre ser escritor y ser poeta, pero ha tardado muy poco en querer ver si yo entendía de veras de qué me estaba hablando. En realidad, no le estaba prestando la atención que merecía un ser tan inestable como él, porque intentaba memorizar el cuerpo de la chica, sus curvas y sus movimientos. Era delgada pero con formas. Y la verdad es que no era un buen momento para que yo mirase a una mujer desnuda mientras un psicótico me interrogaba sobre literatura.
Al final Johny me ha dicho que la poesía era nombrar las cosas por primera vez y que eso no se puede fijar en ningún sitio. Se confirmaban mis sospechas: está como un choto. Después me ha comentado que esa mujer camina como si el mundo se formase un paso antes de que ella lo diera, y que él era poeta porque lo veía. Veía el mundo convocarse a cada instante, a cada pestañeo de la chica desnuda que camina bordeando el mar desde hace días. Semanas, dice Johnny. Aunque el tiempo carezca de sentido.
Así llevamos horas, caminando a su lado. Como somos más rápidos, cuando le sacamos algunas horas de trayecto nos sentamos a comer y a descansar. En mi caso, también a escribir este diario. Me parece que soy feliz y que Johnny está muy loco, pero ella no cesa ni un instante. Seguimos hacia el Sur. Nos vamos.
Jordi
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Ha salido a dar una vuelta. Puedo hacer lo que quiera, dice. Tengo libros y películas. Puedo darme una ducha o incluso nadar un poco en la piscina. Johnny me ha dicho que tengo que imaginarme el mundo como si fuera un desierto, que de hecho ya lo es, que los desiertos no están solo formados de granos de arena, dunas y alucinaciones. Hemos estado comiendo y bebiendo todo el fin de semana, también durmiendo. Dice que cada hallazgo es un tesoro y que por eso estuvo dos o tres días tratando de entrar en mi casa sin pedir permiso, dice que en cierto modo le pertenezco, aunque supongo que lo dirá en broma. Hemos estado en una casa cerca de la playa. De sus padres, dice. Aunque Johnny tiene el mismo aspecto que Jack Nicholson en El Resplandor se ha mostrado bastante tranquilo estos dos días. Me ha recordado que era fin de semana –concepto que ya carece de sentido, pero que sigue sonando genial- pero que mañana continuaba su búsqueda. Solo espero que esa “búsqueda” no implique movernos de donde estamos, aquí tenemos bastante comida como para estar un mes sin salir de casa.
Tampoco ha querido hablar de las detenciones. Le he insistido bastante por motivos obvios. No debo decirle que no recuerdo las cosas con claridad, a saber qué clase de reacción podría llegar a tener conmigo. Pero en resumidas cuentas me ha soltado que del mismo modo que no recordamos nada de nuestro nacimiento, él tampoco. Sé que miente. Afortunadamente no ha vuelto a soltar lo de que Goohoo nos amas ni gilipolleces así, pero sigo sin encontrarle una explicación lógica a lo que pasó en el coche con su portátil. De hecho, ahora mismo sigo sin comprender como coño estoy escribiendo en el blog, sin contar con que este ordenador no está conectado a la corriente y la batería no da señales de estar agotándose.
Otra cosa que le he preguntado, y que ha resuelto fácilmente, es qué pensaba hacer cuando el coche se quedara sin combustible, si por motivos obvios estaba claro que no íbamos a poder asaltar una gasolinera. Su respuesta ha sido: pillar otro. Por supuesto, he tardado poco en comprender que Johnny no disponía de una flota de vehículos particular, el hijo de puta sabe hacer el puente a los coches, lo cual nos deja una cantidad de tartanas de principios de los noventa hacia atrás como futuro medio de transporte. Mañana me ha dicho que compartirá su búsqueda conmigo, que por mi culpa se ha perdido bastante pero que cree que como muy tarde el martes retomaremos el rumbo. Me temo que a partir de ahora nos vamos a mover a pie y que vamos a dejar todo esto. Mierda.
Jordi
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Día anterior10
Johnny conduce a toda hostia, ya lo he dicho. Se ha descojonado de la risa cuando le he explicado lo que pensaba a hacerle. Dice que no se cree una mierda. Dice que si hubiera intentado acuchillarle con dos cucharillas de café se hubiera muerto con la mandíbula desencajada de la risa. Dice que yo soy el escritor ahora, y me ha dado su portátil y que Goohoo nos ama. Luego se ha partido el pecho de la risa. Por supuesto, Johnny está más loco que una puta cabra, pero tiene un coche y comida. Me he hinchado a comer pero el muy pesado no me ha dejado dormir. Me ha dado su portátil y me ha dicho que escriba todo lo que me dé la gana. Le he dicho que estaba escribiendo un blog para buscar a gente y para que la gente me encontrase. Me ha dicho, pues muy bien pequeño. Le he preguntado como coño iba a poder seguir con el blog y buscando a gente si estamos en un coche en mitad de la nada, entre dos puntos cualquiera. El puto Johnny no para de hablar ni un segundo, solo cuando me ve escribiendo en su portátil, por lo que casi me veo en la obligación de mantener la cabeza en la pantalla y escribir como un poseso. Nos hemos alejado de mi calle, del barrio, de las gasolineras y del viejo aquel. Supongo que ahora abrazaría al viejo y le diría qué bueno verte, amigo. Ahora me siento gilipollas después de la semana de mierda que llevo.
Ahora me siento gilipollas al lado de este zumbado que no se entera de una mierda. Él dice que estoy loco, que como puede ser que no me acuerde de nada. Supongo que debería contarle de donde vengo y qué es lo poco que recuerdo que me ha pasado. Pero no sé quien es en realidad este tipo. De momento me ha secuestrado porque yo no me he despertado en mi casa precisamente. La verdad es que ha tenido que darme un buen par de bofetadas porque me he puesto histérico perdido, me ha tenido que dejar unos calzoncillos y unos pantalones nuevos. Pero esto es otro tema.
Goohoo nos ama me ha dicho. Y acto seguido me ha sugerido que abra el programa y busque una página al azar. Le he dicho que si se cree que soy gilipollas o algo, que si se piensa que en mitad de la nada con un coche a toda hostia voy a pillar conexión de algún sitio, pero joder, para qué le he dicho nada. Ha frenado casi en seco y se ha quedado en mitad de la vía. Me ha arrancado el portátil de las manos y lo ha hecho: se ha puesto a leer la primera entrada del blog en voz alta. Y luego otra y otra y otra. Después ha puesto una película porno para que lo creyera de verdad, me ha dejado elegir el tema para que vea que no es un truco. Dice que más adelante me explicará sus teorías sobre lo que pasa, pero que de momento tiene dos y que ambas confluyen en la idea de que Goohoo está vivo y nos ama. También dice que lleva días leyendo lo que escribo y que le gusto. Me ha dicho: J0rdi, me gustas, eres un buen tipo. Gilipollas, pero uno de los buenos.
Apago esto. Hemos parado. Dice que quiere enseñarme algo. Un lugar donde dormir, espero. Pero bueno.
Jordi
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9
Cuando he vuelto a casa de buscar comida en la tercera gasolinera me he encontrado con la puerta reventada, alguien ha destrozado el cierre con un martillo enorme, una maza o algo contundente. Por suerte, estaba preparado. Esta vez nadie iba a perturbar mi búsqueda de alimentos y agua. Antes de salir de casa he cogido todos los cubiertos de la cocina y me los he llevado, cucharillas de café incluidas. La verdad es que no he tenido la sensación en todo el día de que supiera qué hacer exactamente con la cubertería en el caso de sufrir otro ataque, u otro encuentro inesperado. Desafortunadamente, esto no es un pueblo perdido en el corazón verde de los Estados Unidos de América: no guardo una semiautomática o un rifle debajo de la cama. Tampoco tengo un bate de béisbol detrás de la puerta del dormitorio para usar en caso de allanamiento de morada. Ni siquiera puedo asaltar una armería en caso de batalla campal. No obstante soy un tío muy nervioso con muchos cuchillos de cocina guardados y dispuesto a lanzarlos a quien sea. Y tengo un hambre de tres pares de cojones, y sed. Esto pensaba.
Esto pensaba cuando llegué a casa y se me cayeron figuradamente los huevos al suelo al ver la única frontera que separaba la civilización de la barbarie totalmente destrozada. Deseaba encontrar con las manos en la masa a quien quiera que estuviese allí dentro buscándome. ¿Pero qué pasaba si no estuviera dentro? ¿Y si ahora mismo está dentro aguardando el momento oportuno para abalanzarse sobre mí y matarme? ¿Por qué cojones iba a querer matarme nadie? ¿Por qué cojones iba a yo a querer matar a nadie que me encontrara por la calle? Estoy buscando gente a través de Goohoo pero cualquier evidencia de vida humana a mi alrededor la convierto en un motivo para estar alerta. ¿Es esta paranoia fruto del pinchazo? Ya no tengo el escozor en ninguno de los dos, pero lo mantengo dentro de mí. El escozor se ha sumergido en mi cuerpo y sé que puede volver cuando menos lo desee. Sé que no hay nadie en casa, por eso me he sentado delante del ordenador, aún con la puerta por colocar. Está todo intacto. Ahora voy a girarme y esperar, con todos los cuchillos en las manos, a qué venga quien tenga que venir. Si antes no me vence el sueño. O me maten. Hasta mañana, espero.
Jordi
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8
El pinchazo del brazo se ha irritado todavía más, tal vez a causa del vacío que se ha instalado en mi estómago. Quizás el pinchazo es el causante de mis erecciones o de mi hambre atroz. Hecho de menos, sin embargo, a un hombre. Tal vez esto sea lo más raro que me ha pasado hoy. Llevo una semana de mierda, ya solo queda que mi vida se convierta en una película de zombies invisibles eternamente. Puedo decir que me he aburrido mucho y por eso me he acordado de mi mejor amigo, de como no éramos amigos antes de serlo, y de como controlaba él siempre los momentos delicados. Creo que me acuerdo de él para no verme tan pringado, para pensar que él se estaría riendo o ya habría solucionado la mayoría de mierdas que tengo encima. Supongo que se lo llevaron. Ayer mientras corría espantado vi su coche aparcado cerca de su casa. A lo mejor mañana llamo a su puerta como siempre y él me abre. Me ofrece una cerveza y quemamos juntos todas las neuronas de la tierra jugando a la consola. El gato ha vuelto, con un ratón en la boca, le colgaba la cola por entre los dientes. Al ver mi cara de asco se ha largado a la otra punta del piso, a lo mejor era un regalo.
Luís, si lees esto, me debes una birra.
Jordi
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7
Todavía no me siento con ganas de poder explicar bien lo que ha pasado, llevo llorando unas cuantas horas como si fuera un perro. Sin lágrimas. Tenía ya una mochila a rebosar, la de la espalda; la del pecho estaba todavía a la mitad. Las dos maletas intactas. He entrado silbando, cuando he visto que uno de los expositores estaba completamente vacío con todos los productos por el suelo. Cuando observaba con detenimiento el desperfecto, una sombra llamó mi atención y volví los ojos hacia donde estaba. El sonido de cuatro pasos nerviosos dejaba ante mi la presencia de un hombre de unos senseta años, medio calvo y medio barbudo, demasiado delgado y con el color gris clavado en su cuerpo. Nos hemos mirado a las pupilas en silencio, durante mil millones de años. De repente y sin saber muy bien porque, he soltado las maletas y me he largado corriendo de allí a toda hostia, al tiempo que lanzaba a la mierda las dos mochilas con comida y agua. No he parado de correr hasta que casi me desmayo por la falta de oxígeno en los músculos. Hoy no he comido ni he bebido nada en todo el día, las fuentes están secas. El gato ha desparecido cuando he llegado a casa.
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